AL INVITAR AL LECTOR a un examen
de la doctrina Bíblica del hombre, es importante que enfaticemos
cuán profundamente arraigada está la noción de que la
personalidad esencial de hombre radica en el "espíritu" o "el
alma" que está por ahora alojado en un cuerpo físico. La muerte
será vista como la transferencia del alma consciente hacia otra
esfera. Una típica guía modelo para contestar las preguntas de la
gente joven acerca de "lo que ocurre cuando usted muere"
describirá a la muerte como la "casa móvil" que va hacia una
nueva localidad; O la muda del estorbo de este cuerpo a fin de
que la persona verdadera pueda escapar; el cementerio se verá
como un guardarropas en el cual nuestra ropa temporal es
descartada.
.¿Qué le ocurre a uno
cuando muere? Pregunta un muchacho de seis años de edad, en
Questions Children Ask, por Jeremie Hughes, la esposa de un
vicario de la iglesia de Inglaterra. Los padres son aconsejados a
contestar, "Cuando morimos, dejamos atrás nuestros cuerpos porque
ahora no son de ningún uso para nosotros. Y tomamos lo que es
realmente importante, el tú y el yo real, con nosotros nuestros
egos reales van al cielo (pág. 47). No se hace ningún esfuerzo
para mostrar cómo esto pudo haber sido lo que Jesús y los
apóstoles enseñaron.
.La Barrera
Platónica
.Ahora, mientras es
verdad que semejante lenguaje tiene alguna afinidad a un solo
pasaje en el Nuevo Testamento (2 Cor. 5:1-8), éste tiene un
parecido mucho más espectacular al lenguaje de la filosofía
Platónica; procede, de hecho, de una definición del hombre que
realmente queda fuera del ámbito de los escritores Bíblicos.
Nuestra frase familiar acerca de "manteniendo el cuerpo y el alma
juntos" (sobrevivir) es normalmente tomada para que refleje un
punto de vista auténticamente Cristiano de la muerte como la
separación de alma y cuerpo. ¿Pero cuál es la fuente de tal
pensamiento?
.Un examen de la
Escritura demostrará que los escritores Bíblicos no supieron nada
de una separable existencia consciente del alma después de que
había dejado el cuerpo. En la predicación popular, las palabras
"alma" y "espíritu" a menudo serán usadas de forma intercambiable
para referirse a esa parte del hombre que se supone sobrevivirá a
la muerte, llevando con él a la persona verdadera completamente
consciente, no obstante, sin un cuerpo.
.Pero al hablar de la
muerte, el Nuevo Testamento no confunde el alma y el espíritu. Ni
sugiere ni una sola vez que el hombre pueda mantener una
existencia consciente aparte de su cuerpo. Las palabras "alma" y
"espíritu" retienen en el Nuevo Testamento, hablando
generalmente, los significados asignados para ellos por el
Antiguo Testamento (aunque "espíritu" en el Nuevo Testamento está
más estrechamente asociado con la vida superior impartida por el
"Espíritu Santo").
.El punto de vista
Platónico del alma como el hombre real que sobrevive a la muerte
crea una constante barrera para cualquier comprensión del punto
de vista genuinamente Cristiano del hombre. Además, el concepto
Griego interfiere seriamente con la doctrina Bíblica central de
la resurrección de Jesús y de todos los fieles. Este hecho ha
sido, y continúa siendo, claramente indicado por los escritores
en la teología, aunque su protesta parece que continúa
desatendida.
.Nuestro apego a las
formas de pensar tradicionales acerca del hombre, especialmente
en relación a la muerte, hace casi imposible que nosotros nos
acerquemos al tema con la mente abierta. No obstante, para lograr
el punto de vista compartido por Jesús y los apóstoles, debemos
apartar las presuposiciones tan eficazmente inculcadas por la
influencia Griega post Neo Testamentaria, y ver de nuevo la
doctrina genuinamente Bíblica del hombre.
.El distinguido teólogo
Suizo, Oscar Cullmann, se refiere al "error extendido de atribuir
al Cristianismo primitivo la creencia Griega en la inmortalidad
del alma" (The Resurrection and the Immortality, p. 6). Él habla
de la inmortalidad del alma como una idea ampliamente aceptada
pero "uno de los máximos malentendidos de la Cristiandad". "No
hay,"dice él, "ningún motivo para tratar de silenciar este hecho,
o para poner un velo a través de la reinterpretación de la fe
Cristiana. Esto es algo que debería discutirse muy francamente"
(Ibid., p. 15). Con estas observaciones nosotros estamos
cordialmente de acuerdo. El teólogo Americano G.E. Ladd indica
que para entender la esperanza Bíblica para la inmortalidad,
primero debemos entender el punto de vista Bíblico del hombre.
Este concepto, dice él, "se posesiona en agudo contraste para el
punto de vista Griego del hombre. Uno de los conceptos más
influyentes Griegos del hombre resulta del pensamiento Platónico,
el cual, a menudo ha tenido una fuerte influencia en la teología
Cristiana. Es que el hombre es un dualismo de cuerpo y alma. El
alma es inmortal y la salvación’ significa el vuelo del alma en
la muerte para escapar de la carga del mundo fenomenal y buscar
la realización en el mundo de la realidad eterna". En contraste
bien definido de este punto de vista de la muerte, el Dr. Ladd
señala que "Pablo nunca concibe la salvación del alma aparte del
cuerpo ni el alma del hombre, ni el espíritu, es visto como una
parte inmortal del hombre que sobrevive a la muerte. La palabra
Bíblica ’alma’ es prácticamente sinónima con el pronombre
personal. No hay pensamiento de un alma inmortal que existe
después de la muerte" (I Believe in the Resurrection of Jesus, p.
45, énfasis mío).
.Los efectos de gran
alcance de la filosofía Griega en la fe Cristiana están descritos
también por G.A.F. Knight en su libro, La Ley y La Gracia (pp.
78, 19):
.¡Muchas personas hoy,
aun gente creyente, están lejos de entender la base de su fe muy
inconscientemente, éstas dependen de la filosofía de los Griegos
en lugar de la Palabra de Dios para una comprensión del mundo en
que viven! Un ejemplo de esto es la creencia predominante entre
los Cristianos en la inmortalidad del alma. Muchos creyentes se
desesperan de este mundo; ellos se desesperan de cualquier
significado en un mundo donde el sufrimiento y la frustración
parecen dominar. Y así es que buscan una liberación para sus
almas del peso de la carne, y tienen la esperanza de una entrada
en "el mundo del espíritu", como lo llaman, un lugar donde sus
almas encontrarán una santidad que no pueden descubrir en la
carne. El Antiguo Testamento, que fue, por supuesto, las
Escrituras de la iglesia primitiva, no tiene una palabra del todo
para la idea moderna (o Griega antigua) de "alma". No tenemos
derecho para leer este vocablo moderno dentro de la palabra
Griega psyqué de San Pablo, porque por ella él no estaba
expresando lo que Platón había querido decir por la palabra; él
estaba expresando lo que Isaías y Jesús quisieron decir por ella
hay una cosa segura que podemos decir en este punto, y esa es que
la doctrina popular de la inmortalidad del alma no puede se
remontada a una enseñanza Bíblica (énfasis mío).
.Permanece un hecho
asombroso de que los mensajes de consolación escuchados
constantemente en los funerales, en los cuales las "almas de los
difuntos" —se dice— están ya en "cielo", reafirmen una tesis
central de la filosofía Griega la cual verdaderamente no puede
llamarse Cristiana en absoluto!
.El Concepto Bíblico de
"alma"
.Procedemos ahora a un
examen del concepto Bíblico del término "alma". Es nuestra
comprensión de este término que acondicionará nuestro
entendimiento del estado del hombre en la muerte. La base de la
antropología Bíblica es colocada en Génesis 2:7: "El SEÑOR Dios
formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el
aliento de la vida; y el hombre vino a ser un alma
viviente".
.
La creación del hombre está así
descrita en dos etapas. El cuerpo organizado, aunque aún sin
vida, es, no obstante, "hombre" el hombre producido del polvo de
la tierra. Enfatizamos que aunque aún sin animación, la criatura
es, todavía así, hombre, el primer Adán que es, como Pablo lo
expone, "de la tierra, hecho del polvo" (1 Cor. 15:47).
.
Cuando el aliento de la vida es
soplado en sus orificios nasales, el hombre se convierte en un
alma animada (nephesh). Encontramos aquí la importante palabra
fundamentalmente Hebrea nephesh alma como descriptiva del hombre,
"el alma viviente". Pero debemos notar de inmediato que nephesh
en Génesis 1:20, 21, 24, 30 ya se había también referido a los
animales. Los traductores de nuestras versiones inglesas nos han
brindado un mal servicio encubriendo este hecho. Estuvieron
aparentemente tan atados a la noción de que la palabra "alma"
debe significar "alma inmortal", la posesión del hombre
solamente, que ellos estuvieron reacios a revelar que el "alma"
es el atributo común del hombre y del animal del mismo modo. En
Génesis 1:20 encontramos a "la criatura en movimiento que también
es un alma viviente" (nephesh)"; en el verso 21, "cada alma
viviente [nephesh[ que se mueve". En el verso 24, "que la tierra
de a luz almas vivientes [nephesh] según su especie"; y en el
verso 30, "y a toda bestia de la tierra, y a toda ave de los
cielos, y a todo lo que se arrastra en la tierra, en que hay alma
[nephesh]".
.El Punto Crucial
.El punto crucial que
establecemos aquí es que tampoco, ni el hombre ni los animales,
son criaturas bipartitas consistentes en un cuerpo y un alma que
pueden ser separados y continuar existiendo. Ambos, el hombre y
los animales son almas, es decir, los seres conscientes animados
por la infusión del aliento divino de vida. Como almas vivientes
también pueden estar descritos como "que tienen almas" tal como
en español podemos describir a ambos, hombre y el animal, como
seres conscientes o como que tienen un ser consciente. En 23
pasajes del Antiguo Testamento y uno en el Nuevo Testamento (Rev.
16:3), la palabra hebrea nephesh, alma, o su equivalente Griego
psuche, es usada para los animales. En cada caso la palabra
"alma" está estrechamente aliada a la idea de la animación, vida.
Así, en Levíticos 17:11, "la vida [nephesh] de la carne está en
la sangre," literalmente, "el alma de la carne está en la
sangre".
.El hecho significativo
que emerge de este examen del concepto Hebreo de "alma" es que la
inmortalidad nunca está por un momento asociada con él. La
creación del hombre a la imagen de Dios lo eleva muy por encima
del animal en inteligencia y en discernimiento moral; pero lo que
él comparte con el reino animal lo hace propenso a una muerte
similar, pues "el hombre es como las bestias que perecen" (Sal.
49:12); "Un hombre no tiene preeminencia sobre una bestia: Como
muere uno, así también muere el otro. Todos son del polvo, y
todos vuelven al polvo nuevamente" (Ecl. 3:19, 20). El escritor
de Eclesiastés hace eco de las palabras de Dios a Adán: "polvo
eres y al polvo tornarás". No deberíamos estar sorprendidos, por
consiguiente, de encontrar que los Hebreos hablan muy
naturalmente de un alma muerta. "El alma que pecare, esa morirá"
(Ezeq. 18:4, 20). "Hubo almas que fueron contaminadas por el
cuerpo muerto [nephesh] de un hombre" (Lev. 21:11). Llegamos aquí
a una definición sumamente útil del vocablo alma (nephesh), una
que puede estar aplicada en forma segura en un número de casos
muy grande desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Porque nephesh
y su equivalente griego psuche cuando es aplicado al hombre se
traduce fácilmente como "persona". El "alma" Bíblica es
esencialmente el individuo, ya sea una persona viviente (alma) o
una muerta (alma). En la confirmación de este hecho central de
los idiomas Bíblicos apelamos al distinguido erudito Británico
Nigel Turner, el autor de Christian Words (T y T Clark). Él se
ocupa del equivalente Griego Neo Testamentario del vocablo Hebreo
nephesh:
.Debemos admitir que el
Griego Bíblico Psuche quiere decir "vida física" A Lo Largo de
esta concepción aparece en el Griego Bíblico el significado
"persona" la vida del hombre, su voluntad, sus emociones, y por
encima de todo, el hombre como "el ego". Si un hombre ganó todo
el mundo sólo para perder su psuche (alma), representa una
pérdida de sí mismo no una parte de él. Cuando fueron añadidos a
la iglesia cerca de 3000 psuchai (Hechos 2:41), fueron añadidos
hombres completos. El temor que vino sobre cada psuche estuvo
sobre toda persona (Hechos 2:43). Cada psuche debe estar sujeto
al estado (Rom. 13:1), y así a todo lo largo del Nuevo Testamento
(Hech. 3:23; Rom. 2:9; 16:3; 1 Cor. 15:45; 1 Ped. 3:20; 2 Ped.
2:14; Rev. 16:3).
.Podemos sumar a estos
textos Apocalipsis 20:4 que habla de las "almas" de aquellos que
habían sido decapitados. "Las almas" en este pasaje no quiere
decir "almas incorpóreas" como tan frecuentemente es leído mal,
sino aquellas personas que habían sido decapitadas. En
Apocalipsis 20:4 son vistos siendo resucitados a la vida para
servir con Cristo en el reinado milenario. "Psuche (alma) en el
Griego Bíblico significa lo que es característicamente humano, el
yo es la personalidad, que a menudo llamamos el ego el énfasis en
todo el ego el psuche de María era la personalidad humana de
María Jesús quiere que yo repose sobre El toda mi personalidad
rendida, el ego, mi mí (ser) entero (Mat. 11:29). Jesús dio su
mismo ego (psuche) (The Christian Words, pp. 418-420) por las
ovejas. Se nos recuerda aquí de la profecía del Antiguo
Testamento de que él derramaría su alma (nephesh) —él mismo en la
muerte.
.Nigel Turner provee una
suave advertencia acerca del uso indebido Cristiano, medieval y
moderno, del término "alma" para dar a entender una facultad
separada dentro de nosotros. Él señala que esta nueva definición
le debe su origen a la Grecia pagana y no al Antiguo Testamento
Hebreo. El Dr. Turner tiene esto que decir: "El alma es a menudo
concebido por los Cristianos como que si estuviera encarcelado en
el cuerpo, como Platón lo concibió, y es afirmado por los
Cristianos que vuela a Dios en la muerte del mismo modo que Jesús
entregó su pneuma (espíritu) cuando El murió", Pág. 421). El Dr.
Turner concluye citando a Norman Snaith (Interpretation 1, 1947,
p. 324): "En ninguna parte de la Biblia hay allí alguna
sugerencia de un alma inmortal que sobrevive a la muerte".
.El acercamiento a las
Escrituras con la conclusión conocida de antemano de que el
término "alma debe ser entendido a la par con Platón como una
parte inmortal del hombre que se despoja de su casa física en la
muerte, crea una confusión fundamental. No es ampliamente
conocido que distinguidos eruditos han protestado constantemente
contra las suposiciones muy injustificadas acerca del significado
del término "alma" que continúan haciendo unos disparates de la
definición Bíblica Cristiana de ese término. De una masa de
materiales sobre este tema, ahora cotejada en los dos volúmenes
de Edwin Froom, The Conditionalist Faith of Our Fathers (Review
& Herald, Washington, D.C), citamos los comentarios de Franz
Delitzsch (1830-1890), un destacado Hebraísta: "No hay nada en
toda la Biblia que insinúa una inmortalidad nativa.
.Desde el punto de vista
Bíblico el alma puede ser puesto a la muerte; es mortal". Un
distinguido Episcopal Americano, el Dr. J.D. McConnell, escribió,
"De los Cristianos primitivos, aquellos que fueron Griegos
trajeron a la nueva religión la idea Platónica de que el alma era
indestructible, y la influencia Griega ganó el dominio en los
inicios de la iglesia. La doctrina Platónica de la inmortalidad
natural del alma vino a ser aceptada. La noción fue resistida
desde el principio como que era subversiva para la misma
existencia del Cristianismo" (The Evolution of the Immortality,
1901). Más recientemente Canon Goudge deploró la influencia del
pensamiento Griego con la declaración de que cuando la mente
Griega y Romana vino a dominar a la iglesia, allí ocurrió "un
desastre del cual la iglesia nunca se ha recuperado, ya sea en
doctrina o en práctica" ("el Llamado de los Judíos", Colllected
Essays on Judaism and Christianity, Shears and Sons, 1939).
."Espíritu" en la
Biblia
.Venimos ahora al
término Bíblico "espíritu". De Génesis 2:7 aprendemos que la
infusión del aliento de vida en el hombre formado del polvo
resultó en una persona viviente, un ser avivado. Es claro que el
aliento de vida imparte esa chispa vital de la vida que convierte
al hombre en una persona o alma viviente como opuesto de una
persona o alma muerta. El aliento de vida (ruach espíritu) es la
posesión común del hombre y del animal, como aprendemos de
Génesis 7:14, donde "todos los animales silvestres según sus
especies, y todos los animales domésticos según sus especies, y
todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y
toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie
vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en
que había espíritu (aliento) de vida.
.La palabra "aliento"
aquí representa a la importante palabra Hebrea ruach. En el verso
22 del mismo capítulo, la destrucción de toda vida en el diluvio
está resumida por la declaración de que "Todo lo que tenía
aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en
la tierra, murió". El destino común del hombre y de la bestia
está explícitamente descrito en Eclesiastés 3:19: "Porque lo que
sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias,
un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y
una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la
bestia; porque todo es vanidad”. Todo va a un lugar; todos son
del polvo, y todos regresan al polvo otra vez". En la muerte,
dice el mismo escritor, el espíritu (ruach) del hombre y del
animal regresa del mismo modo a Dios que lo dio. (Ecl. 3:20;
12:7). El Salmista comparte la misma opinión. Los seres creados,
en general, llegan a un fin común, pues quitas el hálito, dejan
de ser, y vuelven al polvo. (Sal. 104:29). La esencia de la
debilidad del hombre yace para los escritores Bíblicos en el
hecho de que en la muerte su aliento (ruach) parte de él, y él
regresa a la tierra, y "en ese mismo día perecen sus
pensamientos"(Sal. 146:4); Porque si Dios "Recogiese así su
espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el
hombre volvería al polvo (Job 34:14, 15).
.El ruach del Antiguo
Testamento es el impulso vital invisible que aviva la creación.
Es la energía controladora que sostiene la función del cerebro y
del sistema nervioso. Cuando el ruach es retirado del cuerpo, la
criatura muere y la fuerza divina regresa a aquel que lo dio. La
criatura pierde el sentido en la muerte, puesto que el ruach, la
fuente de su existencia sensible, ha sido retirado. No puede
estar fuertemente enfatizado que el término Bíblico "espíritu" no
contiene, más que el "alma," la personalidad real capaz de la
existencia consciente aparte del cuerpo. El espíritu es la fuerza
vital que crea la animación. En el Nuevo Testamento el espíritu
ha venido, es verdad, a designar el asiento de la vida divina
superior impartida por el Espíritu Santo. Como Nigel Turner dice,
pneuma y el adjetivo pneumatikos tienen referencia con el lado
espiritual de nuestra naturaleza. "Es, no obstante, casi
imposible detectar si en estas frases San Pablo se refiere al
propio pneuma del creyente o al Espíritu Santo" (The Christian
Words, p. 427). Pero pneuma es todavía usado en su sentido
original como la fuerza vital en Santiago 2:26: "El cuerpo sin el
espíritu está muerto. Es apropiado, por consiguiente, que la
muerte esté descrita en dos pasajes del Nuevo Testamento como la
rendición del espíritu. Jesús dijo: "Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho estas cosas, expiró
(Lucas 23:46). Y en Hechos 7:59, 60, Esteban dijo: "Señor Jesús,
recibe mi espíritu. Y habiendo dicho esto, durmió". Debemos
cuidarnos de no leer en estos pasajes la noción Griega de que
"espíritu" aquí quiere decir la persona real, ahora existente
conscientemente como un espíritu incorpóreo. Hacer esto es dar un
salto en el mundo muy diferente de la filosofía Griega. Estamos
aquí en el mismo punto crucial del asunto en discusión. El punto
de vista Bíblico es que Esteban durmió; él no continuó viviendo
en alguna otra parte. Él, Esteban, está todavía identificado con
el cuerpo muerto, tal como Jesús, la persona completa, murió
cuando el espíritu vivificador divino fue abstraído, rendido con
miras a su restauración en el momento subsiguiente de la
resurrección. En la resurrección, el hombre difunto se levanta de
la tumba donde él está durmiendo en el polvo hasta el momento
cuando él es despertado (Dan. 12:2). De modo semejante, Lázaro ha
dormido el tiempo perfecto hace muy evidente que él no sólo se
había quedado dormido sino que permaneció en el sueño hasta su
resurrección; y puesto que "Jesús había hablado de su muerte",
Lázaro estaba realmente muerto y permaneció muerto hasta que él
fue llamado a pasar adelante a la vida desde la tumba (Juan
11:11, 14, 43, 44).
.Debemos enfatizar que
la partida del espíritu no puede significar que el hombre mismo
parte otra posición completamente consciente. Leer la Escritura
como si éste fuera el significado de la muerte es simplemente
leer en ella la noción Griega del alma como una entidad
consciente capaz de sobrevivir a la muerte. Pero leer en la
Biblia una idea Griega extraña, que es incompatible con el
pensamiento Hebreo, es mezclar a dos mundos del pensamiento
contrarios. El resultado sólo puede ser una confusión que conduce
a la falla de comunicación entre los apóstoles y nosotros mismos;
porque al introducir nuestras presuposiciones tradicionales en
los registros Bíblicos, y al suministrar nuestras definiciones
Griegas a las palabras claves como "alma" y "espíritu", erigimos
una barrera más efectiva en contra del entendimiento de la
Biblia.
.
También negamos la insistencia
Bíblica en la realidad de la muerte, y en el caso de Jesús, su
muerte real por nuestros pecados. Porque siempre hemos creído que
el hombre sobrevive a la muerte como un espíritu incorpóreo
consciente, damos por supuesto que los escritores del Nuevo
Testamento tienen la intención de comunicarnos esa idea en los
dos pasajes en los cuales el espíritu se dice regresa a Dios. Y
no somos disuadidos por la ausencia completa en la Escritura de
cualquier referencia a un hombre existente en el estado después
de la muerte como un espíritu incorpóreo.
.
¡Causa un gran impacto emocional
aprender que en una sola referencia en el Nuevo Testamento a un
estado incorpóreo en conexión con la muerte, la referencia es
para una condición de la que Pablo se reprime de contemplar!
Deseamos estar vestidos con un nuevo cuerpo, dice él, "a fin de
que no seamos encontrados desnudos no deseamos estar desnudos" (2
Cor. 5:3, 4). Nuestros eruditos tienen razón de indicar con base
en este pasaje que "la noción de un espíritu incorpóreo es
repugnante para la mente Hebrea" (Alan Richardson, Introduction
To New Testament Theology, p. 196, énfasis añadido). No obstante,
ese es precisamente el estado que a menudo tenemos pensado para
los muertos, permitiéndole a la esperanza verdadera la
resurrección de todo el hombre de la muerte para la vida caer en
la insignificancia. Cualquier interferencia con la doctrina
central de la resurrección debe ser tomada muy seriamente como
una amenaza para el punto de vista Bíblico de nuestro futuro.
Debemos mantener a cualquier costo el énfasis Bíblico en la
resurrección corporativa de todos los fieles conjuntamente en el
regreso de Cristo. Para ese gran acontecimiento esperan los
fieles en fervorosa expectativa, mientras los fieles muertos
descansan en sus tumbas (Dan. 12:13).